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Los Goya, Camino y el cine provinciano
"Camino" ha arrasado en los Goya. Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz Protagonista, Mejor Actriz Revelación, Mejor Actor de Reparto y Mejor Guión. ¿Es "Camino" una buena película como tanto premio debería presagiar? No, no lo es, pero el cine español está como está.
La historia de Camino es de sobra conocida y Fesser tira descaradamente por la vía fácil hasta la extenuación, recurriendo a exageraciones, simplificaciones o, directamente, trampas de guión que rozan lo bochornoso.
El Opus Dei es una institución que atesora méritos suficientes como para ser criticada con sutileza sin tener que recurrir al subrayado continuo o al maniqueísmo. Pero eso no es lo peor, lo peor sin duda es la cobarde decisión de edulcorar hasta límites letales para los diabéticos el auténtico drama de la película, que no es otro que la aceptación por parte de la niña de las directrices y teorías más radicales de la Iglesia católica, incluida la aceptación gozosa de su propia muerte. Fesser se va a lo fácil inventándose una oportuna especie de retractación en la que la niña, sin previo aviso, parece dejar a Dios en un segundo lado cuando durante toda la película, y sin el menor atisbo de oposición, había acatado sumisamente todas las ideas religiosas familiares. Así solventa Fesser la película, en un forzadísimo y difícilmente tragable giro de guión que se salta olímpicamente el desarrollo del personaje protagonista. Casi nada.
El resto de la película sigue la misma tónica, un clero tan obsesionado con sacar provecho de la muerte de la niña que le falta poco para vender camisetas en su lecho de muerte, una hermana a la que le escondieron las cartas de su novio hippie-playero (literal), una niña malísima que quiere quitarle el novio a Camino. Todo excesivo y todo teledirigido hasta el aburrimiento para alcanzar llegar a un final inverosímil. Todo excepto el personaje de Camino, que deja el cambio para el final.
Y así andan los Goya. Unos premios en los que están los de siempre, con las historias de siempre, con los premios de siempre. Un jurado tremendamente reaccionario, cobarde y previsible, que dan los Goyas a Benicio y a Penélope Cruz por ser los chicos esos de Hollywood que han tenido la deferencia de venir a vernos pero que para la mejor película extranjera opta por "4 meses, 3 semanas y 2 días", porque hay que reivindicar el cine independiente. El núcleo del cine español de los Goya, que desea parecerse a Hollywood, pero le da vergüenza reconocerlo y para lo que le falta glamour, y le gustaría ser Cannes, para lo que le falta calidad y seriedad y le sobra provincianismo y ombliguismo.
El año pasado la victoria de Rosales con "La Soledad" permitía hacernos soñar con un cambio de rumbo, pero tras su desaparición en la edición de este año todo parece apuntar a que fue la excepción que confirma la regla. Una regla que lastra a un cine en crisis permanente y que tiene la costumbre de marginar a sus mejores exponentes. Y luego se quejarán.
Como dato positivo, la 23 edición de los Goya contó con la participación de los chicos de Muchachada Nui que pusieron una nota de humor más que destacable. Aquí está uno de los esquets:
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