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Fealdad americana
Adultos hartos de sus vidas, desesperación vital, fracaso existencial. Sam Mendes da una nueva vuelta de tuerca a los temas de "American Beauty" sustituyendo en este caso el postmodernismo de ésta por un estilo más clásico. "Revolutionary Road" completa, a forma de contrapunto, la macabra visión de Mendes sobre la sociedad y la familia americana, formando un díptico en el que iguala, o supera, a su ópera prima.
El cinismo y la contemporaneidad de "American Beauty" invitaban a ver los traumas que en ella se daban cita como síntomas de la modernidad. Con "Revolutionary Road" -adaptación de la novelda de Richard Yates- situada temporal y estilísticamente tiempo atrás, hace transversales y comunes a toda la sociedad americana, y no solo a la actual, los sentimientos de frustración e infelicidad que asfixian a sus miembros.
La herida desgarradora en "American Beauty" estaba expuesta en carne viva. Un padre, sobre el que pesaba un constante velo de estupidez, pretendía solucionar su vida fumando marihuana suministrada por su vecino y fantaseando con la amiga animadora de su hija, mientras que su esposa creía hacer algo grande acostándose con el "rey" de una inmobiliaria. La época en que transcurre "Revolutionary Road" no permitirá a sus personajes ni siquiera soñar tales caminos, por lo que su drama será más pesado y claustrofóbico dentro de una sociedad que aún creía ciegamente en la imagen de la familia perfecta, cosa que no sucedía en "American Beauty", donde ya culminaba su proceso de disolución.
"American Beauty" se centraba en el rechazo consumado de sus personajes a sus propias vidas y a sus relaciones personales. Con esta película Mendes nos lleva un paso atrás y nos explica cómo se inicia y desarrolla ese camino a la perdición. Como si de un mantra budista se tratase, el director sitúa el origen del conflicto en la eterna insatisfacción de la opulenta sociedad actual que ha interiorizado un absurdo ideal vital basado en la consecución de un "algo" abstracto que demuestre lo "especiales" que somos. Un "querer sentir de verdad" no se sabe el qué, un modelo que nos han hecho autoimponernos para perseguir las sombras de una supuesta felicidad. Unas aspiraciones inalcanzables porque no están ni definidas. La espera, en el plano amoroso, de la llegada de un príncipe azul perfecto que termina en decepción para Kate Winslet, que se siente engañada por haber acabado, tan solo, con el chico gracioso que conoció en una fiesta. La tragedia de una sociedad que posee de todo y es completamente incapaz de ser feliz.
Mendes brilla durante toda la película, logrando algo tan difícil como mantener el interés de una historia que, básicamente, ya se ha contado antes. Tiene momentos geniales, como el inicio de la película en el que logra en cinco planos contar cómo se conoce la pareja, flirtea, se enamora y se cansa el uno del otro. O la última media hora al completo, con una tensión mantenida y sumamente bien tratada que lleva a un cierre trágico con un último plano de escuela de cine.
La actuación de la pareja formada por Kate Winslet y por el tremendamente infravalorado Di Caprio es magistral, tanto en las discusiones a gritos como en los silencios, y están acompañados por otras dos parejas de secundarios de lujo que cierran el cuadro exquisitamente dibujado por Mendes. Si Winslet y Di Caprio representan la pareja harta de sí misma que busca medios absurdos para alcanzar una felicidad que no saben dónde buscar, la situación de las otras parejas es, si cabe, aún más desoladora: una es demasiado cobarde para reconocer su infelicidad y la otra ni siquiera sabe que lo es.
La gran olvidada
El hecho de que "Slumdog Millionaire" sea candidata al Oscar a Mejor Película y Mejor Director mientras que Revolutionary Road queda fuera de ambas categorías, aspirando como máximo al Oscar de Michael Shannon -que está inmenso- como Mejor Actor Secundario, dice muy poco de la Academia e invita a ver esta edición con aún más recelo que de costumbre.
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