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Meadows, celestina de personas perdidas
El director que saltó a la relativa fama de las salas de versión original con "This is England", Shane Meadows, desembarca en España con su última película "Somers Town" en la que vuelve a tratar la necesidad que tenemos las personas unas de otras, enmarcando la historia en un cuadro de denuncia social.
Thomas Turgoose, el pre-adolescente que protagonizaba "This is England" encarna a un chaval sin raíces que acaba de llegar a Londres en un intento de huir de su familia. Una vez allí trabará amistad con el hijo de un inmigrante polaco aficionado a la fotografía y ambos pelearán por el amor imposible de una joven camarera.
Meadows dibuja el abandono y la sensación de soledad de unos críos olvidados por una sociedad para la que no existen y, por lo tanto, no importan. Como en su película anterior, la única salida posible a esta situación es el encuentro con los demás, la necesidad de sentirse querido, valorado, parte de algo. En "This is England" esta búsqueda fracasaba, cayendo el protagonista en el regazo oportunista de una banda xenófoba dispuesta a acoger a todos aquellas personas frustradas a fin de encauzar esa rabia hacia sus propios objetivos.
En esta ocasión, Meadows ha decidido recompensar al protagonista con el encuentro de ese "alguien especial" y contarnos cómo la salvación del ser humano está, en gran parte, en el prójimo. Dado el tema y el argumento hubiera sido sencillo caer en la idealización (¿podría decirse ameliezacion?) de la historia, caricaturizando la parte crítica y azucarando la relación de amistad.
Afortunadamente Meadows mantiene la compostura y no sublima estos momentos, los que los ridiculizaría finalmente. El padre del joven polaco se nos presenta como un aficionado a la bebida y a las reuniones caseras con otros compatriotas suyos en las que cantan lo que suponemos son canciones típicas de su país. Esta situación, caldo de cultivo idóneo para demasiadas películas en el que demonizar al padre, incluir alguna paliza por su parte y pretender que el chico de lástima es resuelto ejemplarmente, retratando a un adulto que se encuentra igual de perdido que su hijo en un país que le es ajeno. Igualmente "peligrosa" resultaba la afición por la fotografía de uno de los chicos, pero en vez de castigarnos con alguna ocurrente disquisición artística impropia de un chico de su edad Meadows muestra algo mucho más creíble: cómo el otro amigo le coge las fotos que ha hecho a la camarera de sus amores para masturbarse en el baño.
La única licencia que se permite es cambiar el blanco y negro en que está rodada la película por color en el epílogo de la misma, acentuando esa sensación de esperanza y, esta vez, de triunfo en la búsqueda de una alma no necesariamente gemela, tal vez simplemente hospitalaria. Una cinta más madura que su antecesora, menos efectista y más redonda.
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