| Escrito por Javier Melero,
on 15-01-2008 11:14
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Publicado el : , cine |
Humano, sencillamente humano
Lo sublime en lo ridículo, lo trascendental en lo absurdo, lo revelador en lo superficial: Si Lars von Trier era "el jefe de todo esto" (lo era desde su inaccesible posición como demiurgo, disfrutando sádicamente de la caída y de la destrucción moral de sus personajes), Wes Anderson representa lo opuesto al director danés: es el poeta de todo esto.
Anderson nos muestra las debilidades de sus criaturas, sus flaquezas, sus manías y sus incoherencias, pero a diferencia Lars von Trier, no lo hace con la intención de despedazarlos o ridiculizarlos en una orgía nihilista.
En esta película, el director norteamericano crea una épica del fracaso a través de las risibles tragedias que padecen los personajes; éstas cobran relieve por lo humano que hay en su pequeñez. Tras la apariencia minúscula y estúpida de sus frustraciones, vemos el afán simple, llano y puro de sus personajes de alcanzar la felicidad. Nos reflejamos en esa búsqueda tan a menudo infructuosa. Nos subimos, en definitiva, al tren del Viaje a Dajeerling.
En él nos encontramos varias de las señas de identidad de Anderson. Actores fetiche como Owen Wilson (si no fuera porque seguramente haya sido la mejor película que hayan visto en bastante tiempo, compadecería a alguno de sus seguidores que fueron al cine), Bill Murray -aunque únicamente salga un minuto cada vez le queda mejor el papel de apático perdedor- o Angelica Houston. Temática familiar, de búsqueda, de encuentro y de reconciliación. Viaje a Darjeeling es la historia de tres hermanos que pactan un viaje espiritual a través de la India y cuya parada final consiste en el encuentro con la madre a la que hace tiempo que no ven.
Son memorables las visitas a los templos espirituales. Huida radical del misticismo new-age, pura narración, ni un cambio en el estilo formal -cada día más consolidado- del cineasta. Sus cámaras lentas van camino de ser una marca registrada; sirven para intensificar esa dicotomía entre lo esperpéntico y lo elevado. Da miedo pensar qué podría haber hecho un director cualquiera con ellas en una película rodada en la India. Pero no es el caso, Anderson se sirve de las escenas de oración para señalar la esterilidad de forzar una supuesta transformación interior. El camino personal que recorren los hermanos sucede lejos de estos centros, de las postales para turistas.
Viaje a Darjeeling tiene 100% el sello visual de Wes Anderson. Los atuendos caracterizan a los personajes, hay un gusto desmedido por el color, el ornamento y el diseño de escenarios. Valga como ejemplo que el diseño de las maletas que les acompañan durante su aventura corre a cargo de la firma Louis Vuitton. Encuadres poco comunes e ilógicos que resaltan el sinsentido del conjunto. Los seguidores de su estética difícilmente quedarán defraudados; los que busquen una puesta en escena sobria y tradicional pueden quedar espantados.
Precisamente el juego de maletas y el empleo de la cámara lenta simbolizarán el fin del camino en la escena final de la cinta. Éstas representan los recuerdos del pasado que les impedían vivir el presente, el peso de la amargura por los errores cometidos que ya no tienen solución, pero que pueden lastrar una vida. En el clímax de esta épica del fracaso los tres hermanos logran deshacerse de ellas lanzándolas antes de subir al tren. La transformación ha tenido lugar. Alabado sea Shiva.
PD: Razón adicional 1 para ir a verla. Al poco de rodarla, Owen Wilson trató de suicidarse.
PD2: Razón adicional 2 para ir a verla. La película está precedida de un genial corto llamado Hotel Chevalier, del mismo Wes Anderson y, en varios sentidos, muy alejado a su tipo de cine habitual.
PD3: Razón adicional 3 para ir a verla. En dicho corto se le ve el trasero a Natalie Portman.
Disfrútenla.
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