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La Soledad nos ha sorprendido a todos ganando tres de los premios más importantes de la Academia de Cine: Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor Revelación.
La pasada gala de la Academia de Cine nos ha dado más de una grata sorpresa (celebrado y más que merecido el premio a la Mejor Actriz para Maribel Verdú por la brillante Siete mesas de billar francés). Tanto los que vieron el evento por televisión comos los que nos quisimos adelantar navegando por la red, todos, con cara de estupefacción, de asombro y/o de alegría escuchamos qué cinta se había llevado el galardón a la Mejor Película: La Soledad.
Sin duda ha sido una apuesta valiente y que muy pocos nos esperábamos. Éste parecía el año de la taquillera El Orfanato (más de cuatro millones de personas se han acercado a las salas para ver el trabajo de Bayona), que partía como favorita. Y sin embargo, finalmente la Academia se ha decantado por el complicado cine de autor de La Soledad. No es un filme para todos los públicos, no por el tema tratado, sino por el modo de rodarlo: 2 horas y 10 minutos de polivisión, tempo lento e introspección.
Rosales ha querido huir de la belleza para retratar la cotidianidad de la vida de las personas normales, como las que nos cruzamos a diario. Ésta es una historia que emana de lo monótono, de la rutina y cuya máxima originalidad es el modo en que se ha grabado: en polivisión, es decir, dividiendo la pantalla y mostrando dos imágenes distintas que desconciertan y turban pero que a su vez consiguen resultados atractivos e interesantes.
La Soledad es la historia de Adela, una mujer joven separada recientemente que decide dejar de lado la vida que lleva en su pueblo y trasladarse a Madrid junto a su hijo de un año. La vida de Adela se entrecruza con la vida familiar de Inés, su compañera de piso en la capital. Antonia es la madre de Inés y sus otras dos hermanas: Helena y Nieves, que viven momentos de tensión cuando Helena le pide dinero a su madre para comprarse un piso en Benidorm. Mientras tanto, Adela sufre un revés imprevisible y toda su vida queda quebrada.
Éste es un trabajo triste, que conmueve sin mostrar nada que no podamos percibir a diario, que está dentro de cada una de nuestras casas. Rosales no muestra una historia excepcional que enganche a la primera, sino todo lo contrario, cuesta encontrar el atractivo a la aburrida vida de Adela y no es hasta la mitad de la cinta, cuando hay un punto de inflexión y la naturalidad con que se suceden los acontecimientos emocionan.
Apenas 41.000 espectadores vieron La Soledad cuando estuvo por primera vez en cartel. Ahora, y tras la sorpresa del Goya a Mejor Película, el de Rosales a Mejor Director y el de José Luis Torrijo a Mejor Actor Revelación; la cinta va a tener una merecida segunda vida comercial, aunque no se convertirá, ni mucho menos, en una película taquillera. De hecho, el público de La Soledad es el amante de los cines en versión original, de la vanguardia, de los trabajos poco convencionales.
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