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Absurdo con denominación de origen
Vuelven los Coen de siempre, los creadores de personajes idiotas, inmaduros, imbélices, incompetentes, hilarantes y, en el fondo, mucho más parecidos a usted y a mí que, por ejemplo, los que habitaban "Pozos de ambición".
Vuelven, por tanto, a transitar por terreno conocido. "Quemar después de leer" es un compendio de fracasados absolutamente incapaces de concluir con éxito cualquiera de las cosas que emprenden y a los Cohen les encanta contarnos este tipo de historias. Tras años sin llevar a la pantalla un guión propio, podemos volver a disfrutar de los responsables de los diálogos más brillantes de la actualidad, en los que dejan espacio para la exhibición de un reparto se luce desde el primero al último.
Pitt y Clooney de payasos oficiales, Malkovich gustándose en escenas escritas expresamente para ello, Francesc MacDormand y Richard Jenkins poniendo rostro una vez más a la amargura, y Tilda Swinton bordando la fragilidad psicótica de una mujer perdida no se sabe bien dónde ni cuándo.
Tipos grotescos, exagerados, caricaturescos, pero perfectamente reconocibles en nosotros mismos y terriblemente creíbles, gracias al dominio que los Cohen tienen para hacer este tipo de cine. Un pulso narrativo perfectamente llevado en el que está perfectamente medido el uso del freno y del acelerador. Destaca la facilidad pasmosa para el gag de todo tipo: ya sea humor físico negro –no les hago la faena de destriparles el momento-, absurdo –los bailecitos de Brad Pitt-, el diálogo desolador –relación entre Jenkins y MacDormand-, y el absurdo –la extorsión a Malkovich-, o el situacional – el momento en el que Clooney sale huyendo a la carrera vale más como crítica a la paranoia conspiranoica-terrorista-espiatoria de hoy en día que muchas películas hechas ex profeso sobre el tema.
El argumento ni lo comento, porque como sabiamente se dice en la escena final (brillantes también esas secuencias entre los dos trabajadores de la CIA), "de esta historia no podemos aprender nada". Todo está en los personajes. Y eso ya es mucho.
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