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Lo ha vuelto a hacer. Por segunda vez consecutiva ha dejado la faena a medias. Su nueva entrega, Promesas del Este, comparte temática, reparto, aciertos y defectos con su predecesora Una historia de violencia. En su nuevo filme, David Cronenberg vuelve a reflexionar sobre la violencia y cómo afecta ésta a las personas corrientes.
Naomi Watts se ve inmersa accidentalmente en el asesinato de una prostituta a manos de la mafia, de la que forma parte Viggo Mortensen. Entre ambos comienza una relación que va creciendo pese, o incluso gracias, al lado oscuro que ella ve en él, a una violencia que parece confundir estúpidamente con la atracción por lo desconocido y que la atrapa irremediablemente. En su anterior película –en la famosa escena del polvo en la escalera- el director ya nos planteó interrogantes sobre la cercanía entre el amor y el odio, no como opuestos sino como semejantes y componentes de un mismo sentimiento.
Los "buenos" de Cronenberg pueden ver el mal pero son incapaces de aceptar su existencia, no conciben el que haya personas absolutamente malvadas, ajenas por completo a sus códigos morales y éticos, dispuestos a matar como parte rutinaria de su trabajo. Naomi Watts, que poco a poco va cayendo rendida en los brazos de Viggo, cree encontrar en él algo de bondad, piensa poder cambiarle como cualquiera persona normal querría retocar los pequeños vicios de su pareja. Su padre ilusamente trata de asustar a la mafia mencionando un supuesto pasado en la KGB. La dramática inutilidad de los buenos para defenderse de los malos y, sobre todo, la existencia de buenos y malos no como algo maniqueo sino como una verdad tan terrible como cierta.
La presentación y realización de la película es impecable: una dirección sobria y eficaz, unos actores convincentes en sus papeles y una lograda ambientación (sórdida en los burdeles, inquietante hasta en las escenas supuestamente familiares). Hay que hacer una mención especial para la escena de la sauna, en la que la desnudez de Mortensen acentúa la evidente, pero no por ello menos desoladora, significación de la escena: dos seres humanos tratando de matarse entre sí.
Hasta aquí la película era intachable, pero, hacia el final –y como ya ocurrió en Una historia de violencia- Cronenberg levanta el pie del acelerador de este rodillo implacable y devastador para dulcificar innecesariamente su propuesta, hasta entonces genialmente perturbadora. El espectador, al que había zarandeado y sacudido hasta casi derrumbarlo encuentra lugares a los que agarrarse, soluciones más asumibles, resoluciones más timoratas y conclusiones más vulgares.
En esta película se muestra otro buen Cronenberg, pero no un gran Cronenberg. Nos queda el consuelo de saber que lo lleva dentro y que puede sacarlo en cuanto se decida a dejar de edulcorar el último tramo de sus largometrajes. Además, y pese a todo, continúa siendo una de las proposiciones más interesantes del cine actual.
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