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"Coleccionar fotografías es coleccionar el mundo". Ésta era la cita que daba la bienvenida a la exposición "Coleccionar el mundo" que hasta el pasado 4 de enero se pudo ver de manera gratuita en la Fundación Mapfre de Madrid. Las palabras, de la premiada escritora estadounidense Susan Sontag, definen a la perfección el espíritu de la muestra: un recorrido por la obra de seis importantes fotógrafos estadounidenses que convirtieron sus objetivos en los espejos con los que reflejar la sociedad de su época.
Sus cámaras recogieron y plasmaron el retrato de la América de la primera década del siglo XX, de sus gentes, sus ropas y sus costumbres. En definitiva, su iconografía, su cotidianidad y diversidad.
Garry Winogrand, apodado como "el príncipe de las calles", supo atrapar en su carrete desde una selecta fiesta neoyorquina a una simple instantánea del zoo. Por su parte, Levitt se descubre como el observador de los juegos infantiles de las aceras del Nueva York de los años cuarenta: calles convertidas en patio de recreo, plazas tomadas por los niños de los barrios, risas e inocencia. Y como contraste, Diane Arbus nos acerca un divertimento menos ingenuo. "Niño con granada de juguete en Central Park, NY" de 1962, es un reflejo de esos años convulsos e intensos para el mundo en general y Norteamérica en particular. Sin duda fue una época de grandes cambios, de aquellos en los que la fotografía se convierte en prueba irrefutable: un afroamericano y una mujer blanca embarazada se abrazan ante el objetivo de Arbus en un banco de Washington Square.
La colección de Lee Friedlander permite quizás menos interpretaciones sociológicas, aunque ofrece al visitante un curioso juego visual. El de una realidad reflejada, que no distorsionada. Una muestra de la ciudad vista desde los reflejos de los escaparates acristalados. También poética a la par que distinta es la fotografía de Harry Callahan. Éste juega con lo femenino, con la lejanía y el aislamiento del mundo circundante. Su retrato de una mujer desnuda de espaldas, sentada sobre la cama, puede recordar a las curvas de Gala, la musa a la que Dalí retrató en una pose similar.
Otro fotógrafo, Walker Evans, éste estudia la arquitectura de las construcciones y las caras. Observa y dispara sin dobles intenciones. Mira para aprender. Ni más ni menos. ¿Su máxima? "Mira fijamente. Es la forma de educar la retina, y más. Mira fijamente, curioso”. Escucha, espía. Muere sabiendo. No estás aquí para siempre".
Esto es lo que en definitiva pretende la exposición, mostrar una fotografía intuitiva y simple, desnuda de artificios, donde se mezclan estilos y objetivos distintos englobados dentro de la fotografía documental.
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