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La elegancia de la armónica de Serrano conquista el público del Festival de Jazz de Madrid
Asistir a un concierto de Antonio Serrano es entregarse a un estado hipnótico donde revelaciones sonoras van sucediéndose para alimentar la imaginación y despertar la sensibilidad de los sentidos más ocultos. Durante más de hora y cuarto, el cuarteto rindió homenaje al maestro del tango Ástor Piazzolla, a través de la interpretación de los temas incluidos en su último disco: "Armonitango".
Un concierto especial, que forma parte del cartel de la XXIV edición del Festival de Jazz de Madrid, que me permitió volver ha encontrarme con este artista fiel, serio, convincente y encantador. Recuerdo sus inicios como maestro desenfadado por los locales de la capital junto al gran Ñaco Goñi. De esto ya hace una década y se auguraba como el principio de algo importante.
Ya dejaba entonces pistas conceptuales de la experimentación que estaba viviendo este virtuoso de la armónica. Y es que Antonio Serrano, a pesar de su juventud (nació en 1974), ya ha vivido varias vidas, todas en una. En el presente, se aprecia la solidez de una trayectoria, de un recorrido. Su presencia en el escenario expresa experiencia y mucho talante. Serrano ha vivido una evolución artístico personal que le ha llevado a colaborar con Orquestas Sinfónicas a nivel internacional. Se ha cruzado en el camino de grandes del jazz como Chano Domínguez, Jorge Pardo, Carles Benavent o Toni di Geraldo, por citar algunos de estos maestros.
La percepción que tiene este artista madrileño sobre las posibilidades de expresión a través de un instrumento musical –la armónica- no le ha limitado. Como muestra están las colaboraciones con artistas tan variopintos como Lolita Flores, Estopa, Sabina o Presuntos Implicados. Además, ha homenajeado a Serrat, Antonio Flores o Carlos Cano, e incluso se ha atrevido a colaborar en la realización de bandas sonoras de películas como Carne Trémula de Almodóvar.
Cada proyecto musical de Serrano siempre tiene una firma personal y en esta ocasión, para su disco "Armonitango", se ha dejado acompañar de un buen puñado de músicos que demostraron ser todo unos profesionales del jazz en directo. Al piano, su amigo personal José Reinoso; en el contrabajo Horacio Fumero, el mismo que acompañaba al celebrado Tete Montoliú; y en la batería, una grata sorpresa, David Xirgu. En el concierto, todos tuvieron su espacio donde mostrar sus habilidades al público. Hubo tiempo para solos de cada uno de los componentes, duetos, tríos y momentos en los que el cuarteto demostró una conjunción muy elaborada.
El dinamismo de los ritmos, alterando cualquier simulacro de monotonía, dejó como resultado largas ovaciones arrítmicas, incontinentes y desenfrenadas, como suele ser en estos casos en los que gusta el artista y su actitud. Siempre en el intento de transmitir y comunicar, trascender el momento al recuerdo del éxito, cual devoto admirador de su musa.
Ésta fue una noche emotiva, especial tanto para el público como para el artista que declaró que "resulta irónico las vueltas que hay que dar para regresar al lugar donde vives". Esta presentación siempre hace conectar aún más con el público, aunque éste ya este predispuesto a viajar junto a la armónica del hijo pródigo.
El concierto de Antonio Serrano en el Centro Cultural de la Villa, todo un referente para la cultura madrileña, fue en definitiva un despliegue de técnicas que reafirman el reconocimiento de este madrileño como músico de raza, sobrado de talento y señalado con el don de la creación musical. Desde estas líneas, le deseamos muchos años de fecundidad artística y feliz creatividad. Enhorabuena y hasta la próxima, que esperamos sea muy pronto.
Esta es parte de la actuación que Serrano ofreció junto a Gladston Galliza en el Festival de Jazz de San Javier este año:
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