| Escrito por Beatriz Cebas,
on 29-11-2007 11:04
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Publicado el : , escenario de sonido |
El sueño cumplido del cantautor despierto
Ismael Serrano es uno de esos músicos con presencia sobre el escenario, de esos cantautores que han sido bendecidos con el don de la sensibilidad y la creación musical. Ya han pasado diez años desde que el cantante madrileño sacara a la luz su primer trabajo, "Atrapados en azul" (1997), y la madurez se nota tanto en los temas de su último álbum, "Sueños de un hombre despierto" -en donde profundiza, una vez más, en los sentimientos humanos, pasando por el amor y la injusticia social- como en la riqueza de su voz.
Hacía mucho tiempo que quería ver al maestro Serrano en directo, pero aún no había tenido la oportunidad y por lo tanto, había muchas ganas, para qué negarlo. Con el ticket comprado desde agosto, el concierto del 25 de noviembre –tanto para el día anterior como para éste mismo se colgó el cartel de "No hay entradas" en el Palacio de Congresos de Madrid- se auguraba como algo especial.
Prácticamente a la hora anunciada (las 20:30), Ismael Serrano y la banda que le acompaña en esta gira, Jacob Sureda, Fredi Marugán y Javier Bergia, salieron al escenario para comenzar la actuación con un tema de este último álbum: Somos. Como es habitual en Ismael, entre canción y canción compartió historias de lo más variadas con el público, algunas poéticas, otras más personales, otras con tinte político (de sobra es sabida la implicación del cantante en este tema), pero siempre con cierto toque de humor que le hizo conectar especialmente con el público.
La puesta en escena fue especialmente bonita, además del acertado juego de luces y la excelente acústica de la sala. El escenario recreaba una pequeña ciudad portuaria bautizada como Peumayen (lugar soñado en mapuche, este lugar se cita en Nana para un niño indígena, una de las canciones que conforman su último trabajo), representado con redes de pescador que hacían juego con las camisetas de marinero de los músicos, una farola y una puesta de sol en tonos rojizos que se confunde con el océano como fondo de escenario.
Las nuevas canciones sonaron muy bien directo, he de decir que mejor de lo esperado ya que este último trabajo, a pesar de ser una muestra de la madurez musical del cantante, no es su mejor obra. Durante las dos horas y media de concierto, se hizo un amplio repaso a "Sueños de un hombre despierto" entre las que destacaron la emotiva Si se callase el ruido, representada solo con la guitarra de Ismael y las palmas de Jacob, Fredi y Javier; Zamba del emigrante, tema que en el disco comparte voz con Mercedes Sosa; Sesión continua, a la que precedió una bonita historia de una “lugareña” de Peumayen que cansada de esperar a su amor, un marinero que un día se fue a buscar un tesoro, emigró a la ciudad para convertirse en taquillera de cine; o Canción para un viejo amigo, dedicado a una de esas personas especiales que comparten nuestros días.
De los clásicos, hubo un poquito de todo, desde No estarás sola, dedicada a las mujeres que sufren la violencia doméstica; la siempre genial Caperucita, Últimamente, una de las canciones por las que es más conocido, Papá cuéntame otra vez, su gran primer éxito; y tres de sus grandes joyas que inevitablemente siempre que las escucho me llegan a lo más adentro: Recuerdo; ¿a quién no le ha pasado que al mirar a alguien le recuerda a un viejo amor del pasado?; Vine del norte y Vértigo.
Tanto el público como los músicos demostraron disfrutar de la actuación, y quizás por eso Ismael agradeció a los allí presentes su fidelidad por estar con él estos diez años de carrera musical. También se mostró especialmente feliz de tocar en Madrid, su casa, algo que "asusta" al igual que estar tocando "ante viejos amigos". Y es que con esta gira, el cantautor madrileño ha comenzado una nueva época que, de momento, no está defraudando a los fieles. Precisamente como regalo, y después de haber salido dos veces al escenario para tocar los bises, Ismael salió una tercera vez (algunas de las luces de la sala ya se habían encendido) para tocar Ana. Toda una sorpresa que nos dejó un más que agradable sabor de boca que nos permitió seguir soñando despiertos.
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