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Requisito imprescindible para ver en directo a uno de los grupos más canallas, golfos y disparatados del panorama musical mestizo: precalentamiento en los garitos de la zona. La preparación, más ebria que física, tiene que ser a conciencia ya que de otra manera la introducción al mundo kinky –creado a base de saltos, coros y delirios musicales- no es total.
Estamos hablando del concierto que el pasado 18 de diciembre la Kinky Beat ofreció en la mítica Sala Caracol, orgullo madrileño que además de resistir a cierres temporales continúa fiel a su espíritu gracias a una programación diversa y de calidad.
Ésta es la segunda vez que disfruto de un concierto de esta formación catalana, y su evolución es evidente. Mi primer encuentro con ellos tuvo lugar en una de las salas más acogedoras -tanto por sus características como por el buen gusto y por el trato de aquellos que la gestionan- de la península: Sala Babylon, en la pequeña pero llena de encanto ciudad de Cuenca.
En un escenario distinto, el concierto de Madrid fue todo un espectáculo donde se presentó el último trabajo de estudio de la formación: "Karate Beat", una exploración atrevida en nuevos ritmos musicales. Los temas nuevos se mezclaron con los himnos clave de su primera época y con los que algunos nos sentimos más identificados. Sí, ¡ésa es la kinky!
El espectáculo comenzó cumpliendo las expectativas iniciales. Desde el primer momento en que la banda salió a escena, propusieron un despliegue de energía y entrega que se transmitió al el público tema a tema. Matahari –líder y cantante de La Kinky Beat- demostró una vez más su poderío encima de un escenario. Sin duda su presencia completa con plenitud a esta banda musical a la que le gusta jugar e interactuar con el público. Sólo grupos con muchos kilómetros a su chepa se pueden permitir las licencias y libertades que la Kinky explota en sus directos.
Con la grata sensación de haber asistido a un buen concierto, sólo me queda reconocer a este grupo como necesario dentro del panorama nacional. Su profesionalidad y aportación inconformista aportan una frescura y vitalidad que los amantes de la música deseamos que continúe durante muchos años.
Desde +qtrapo esperamos que La Kinky Beat prosiga el camino emprendido de la búsqueda de nuevos sonidos y fusiones, sin que por ella dejen de acercarnos sus experiencias vitales en forma de canciones. ¡Hasta la próxima!
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