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Dos nombres propios uniendo sus fuerzas bastaron para hacer de la tercera edición del festival "Músicos en la Naturaleza" una opción de fin de semana más que recomendable. Dylan y Amaral se vieron las caras el pasado 28 de junio con un éxito absoluto de público. En total, atrayeron a algo más de 11.000 personas que pudieron disfrutar de una noche de música en un hermoso paraje natural situado en Hoyos del Espino, provincia de Ávila.
A pesar de las críticas de los ecologistas que pusieron en duda la conveniencia del Parque Regional de Gredos como lugar apropiado para celebrar este festival. Polémicas aparte, el genio de Minnesota y el dúo zaragozano consiguieron colgar el cartel de "no hay localidades".
Esta iniciativa, puesta en marcha en 2006 por la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León, ha contado en ediciones anteriores con artistas de la talla de Sting, Pet Shop Boys, Dolores O’Riordan -vocalista de The Cranberries-, Nacha Pop o Los Secretos. Para esta edición, Gredos sirvió de escenario para que Bob Dylan deleitara al público con un selecto repertorio de folk, rock y blues, y para que Amaral presentara su quinto disco de estudio. Ambos artistas compartieron escenario por primera vez el 3 de marzo de 2008 para cantar Llegará la Tormenta, adaptación al español del tema que Dylan publicó por primera vez en 1962 bajo el título A Hard Rains a gonna fall y que es el tema oficial de la Expo Zaragoza 2008.
Abrió la noche Pedro Javier Hermosilla, cantautor elegido por el estadounidense para servirle de telonero durante su gira española. Luego fue Dylan, de riguroso negro, con camiseta, pantalón y sombrero de ala ancha, que pasó a ocupar los teclados para no abandonar su puesto en las casi dos horas que duró el recital. Dylan estuvo acompañado por seis músicos, enfundados en un traje beige y con camisa negra. Nada de corbatas, nada de complejos juegos de luces en el escenario, nada de añadidos innecesarios. Una puesta en escena sobria como solo un genio consagrado puede permitirse.
Allí estaba de un lado Bob, su teclado y sus ininteligibles canciones, y de otro un público distraído en ocasiones compuesto por gentes de todas las edades que han sido convertidos a la causa en algún punto de los 40 años que el de Minneapolis lleva en este negocio. Y es que Dylan siempre ha tenido fama de profeta y maneras de persuasivo predicador. En cualquier caso, la complicidad entre el músico y el público fue escasa.
El que removiera los cimientos tradicionales de la música folk allá en sus inicios en la década de los 60, o que se erigiera por accidente como una de las figuras contraculturales por excelencia de Estados Unidos, apenas se dirigió al público para presentar a su banda. La única concesión llegó de la mano del bis, con Like a Rolling Stone. Eso sí, en una adaptación que hasta a los mayores seguidores costó identificar como el mítico himno generacional que aún resiste ajeno al paso del tiempo y que se asoma con frecuencia a través de nuestras radios y reproductores de mp3.
Si os sorprende leer que no fuera Dylan el que cerrara el concierto, deciros que esta es solo una muestra de las múltiples excentricidades con que el prolífico autor impone como condición para tocar en cualquier escenario. Otra de ellas es la prohibición absoluta de que sea tomada ninguna imagen suya durante sus conciertos. Los genios siempre son difíciles, pero a medida que pasan los años, su carácter se complica aún más.
Finalmente llegó el turno de Amaral. A las 0:26 el dúo de Zaragoza comenzó su actuación alternando temas de sus trabajos anteriores con cortes de su último disco titulado Gato Negro, Dragón Rojo. Desde el foso los fotógrafos de los distintos medios acreditados tomaban instantáneas del grupo –Amaral sí que nos permitió trabajar sin trabas– mientras Eva daba rienda suelta a ese potente y melodioso chorro de voz con que la madre naturaleza le ha dotado para disfrute del público, bastante menos numeroso que durante el concierto de Dylan.
Con canciones como Sin ti no soy nada, Moriría por vos, Como hablar o El universo sobre mí, Amaral ha conseguido afianzarse en las listas de éxitos y ganarse la popularidad, pero es en los directos donde realmente Juan Aguirre y Eva Amaral enseñan sus verdaderas cartas: un poderoso sonido que no se desvía un ápice de la calidad de los cortes grabados en estudio. Al contrario que otros grupos de éxito, aquí no hay trampa ni cartón.
Dylan y Amaral, dos estilos diferentes unidos en un entorno natural inmejorable, un mano a mano que se llevaron de calle Juan y Eva; y es que Dylan, por el repertorio elegido y por la puesta en escena, propuso un planteamiento más propio de un íntimo recital en una sala de concierto que de un multitudinario macroconcierto al aire libre.
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