| Escrito por Javier Melero,
on 17-12-2007 22:15
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Publicado el : , cine |
¿Son los militares estadounidenses y los insurgentes iraquíes los responsables últimos de sus actos o son tan solo el eslabón final de una cadena hecha restallar por los altos cargos políticos y terroristas, auténticos culpables de lo que ocurre? Esto último es lo que el director Nick Broomfield asegura en su última película, "La Batalla de Hadiza".
Como ya ocurriera con "Redacted", la narración gira en torno a la matanza de una familia iraquí a manos de un grupo de marines estadounidenses. La diferencia radica en que, al contrario de lo que pasaba en la cinta de De Palma, la sangría está precedida de un ataque terrorista, que será el disparador de la ola de violencia que atrapará a los tres bandos presentes en el film: los soldados, los rebeldes y los civiles
El objetivo de Broomfield es mostrar los resortes que disparan el odio que ha convertido al país árabe en un infierno. Ante el asesinato de un compañero, los marines enloquecen exterminando a una familia inocente, lo que acaba transformándose en más odio y alimentando las ganas de venganza de los futuros terroristas. Lo meritorio y a la vez terrible es que más allá de sentir empatía con los personajes –lo cual puede no pasar de ser un recurso sensiblero y fácil- lo que ocurre se percibe como lógico, como las consecuencias inevitables de los acontecimientos que se suceden. La espiral de violencia que atrapa a todos las partes del conflicto se presenta como ineludible. Todos son lanzados por voluntades ajenas a un campo de exterminio en el que terminan dándose la muerte unos a otros.
Por desgracia, esta reflexión sólo ocupa la segunda parte de la cinta, destinando la primera a la presentación de los personajes para, teóricamente, facilitar la identificación con ellos. Sin embargo, resulta anodina, poco brillante, e innecesaria, pues la segunda mitad hubiera logrado por sí misma hacernos comprender las reacciones de esos personajes presentados con anterioridad.
La paleta cromática, repleta de grises similares a los de "Jarhead", hace referencia a la ausencia de condenas morales hacia los protagonistas, pues pese a ser verdugos en momentos concretos son vistos, en primer lugar, como víctimas. Visualmente Broomfield realiza un par de hallazgos interesantes. Uno de ellos es la eliminación –es la palabra que mejor se ajusta al caso- de una persona equívocamente identificada como un insurgente mediante un misil guiado desde un cuartel. El deshumanizado asesinato le sirve tanto para cargar las tintas contra los altos mandos como para contrastarlo con las muertes causadas por los marines: unas frías y calculadas, las otras motivadas por la ira ante la muerte de un amigo. El otro paralelismo visual que nos ofrece lo establece entre la intervención estadounidense en Iraq y la patética imagen de un soldado ofreciendo su mano a una mujer para levantarse tras haber participado en el asesinato de toda su familia.
Broomfield traza un retrato ampliamente simétrico entre los dos bandos armados del conflicto en cuanto a las motivaciones, las recompensas y los arrepentimientos. Si bien es un equilibrio bien conseguido, debido a la insistencia en remarcarlo puede llegar a cansar. Lo mejor de la cinta es, con diferencia, lo que refleja el desencadenamiento de la matanza de la familia, logrando envolver al espectador en el estado febril de cólera que sumerge al país pero sin resultar panfletario en ningún momento. Aunque el traspaso de las responsabilidades a los mandamases americanos (en cuya cúspide se encuentra Bush) y terroristas puede dejar excesivamente impunes a los ejecutores finales.
“La Batalla de Hadiza” es una película apreciable, lastrada por un comienzo irregular y que va ascendiendo hasta dejar un grato sabor de boca, pero sin excesos.
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