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La carne buena se come cruda
Tenía pinta de que iba a pasar y sucedió. Rick Rubin lo ha vuelto a hacer. Este gurú de la producción siempre lo consigue, da igual que el artista se llame Shakira, Neil Diamond o Jakob Dylan, se lo propone y lo obtiene.
Para el álbum del líder de Wallflowers, Rubin, se ha decantado por el formato que recuperó a Johnny Cash para el s.XXI; poca instrumentación, voz profunda, guitarra acústica y ambiente oscuro.
Así se presenta en solitario el hijo de Bob Dylan. Con un disco de diez cortes íntimos y tranquilos. Su voz duerme, relaja. Abstrae. Tras el gran éxito que alcanzó con el primer trabajo de Wallflowers, Jakob se diluyó, aquel "Bringing down the horse" fue toda una revelación, un descubrimiento lleno de grandes canciones que le lanzaron a un estrellato más inmediato que el de su padre, aparecieron las comparaciones, las expectativas. El grupo vendió cuatro millones de copias de este trabajo en su primer año, el doble de las ventas del celebre "Blood on the tracks" de su padre. La aparición de Wallflowers fue motivo de alegría para la prensa especializada y estuvo dos años de gira, ganando dos Grammys en 1998.
Los siguientes trabajos de la banda fueron menores y la estrella del chico se fue apagando. Los que alabaron su primer álbum se cebaron con los siguientes. “El mejor disco del hijo no será mejor que el peor de su padre”, proclama alguna revista americana.
Ahora Jakob anda solo, con Rubin, el cerebro, el hitmaker, el hombre que también está produciendo el esperado trabajo de Bob Dylan, "Anchor", que verá la luz para después del verano.
Y así se van sucediendo los cortes. "Evil is alive and well" es el corte tétrico que abre el disco, una pesimista reflexión sobre las cosas horribles que suceden en el mundo. "Valley of the low sun" toma un rumbo más positivo y melancólico. "All day and all night" y "On up the mountain" recuerdan las primeras composiciones de Wallflowers.
Un disco hermético, con una línea bien marcada, carente de singles que triunfen, con una pesada carga que le hará sonar poco en las radios americanas, pero con encanto. Un álbum para escuchar del tirón en una tarde tranquila. Música para pensar, para pasear, para ilustrar las imágenes de una buena película. Un regalo de Rubin y Dylan para los que disfrutan de la música cruda, vuelta y vuelta, sin condimentos, ni salsas.
Así fue su presentación en el Show de David Letterman:
Sus inicios con Wallflowers
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