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Antecedentes: 1997, Michael Haneke estrena Funny Games, una sádica sátira en la que arremete contra la violencia y la hipocresía de una sociedad que hace de ella un espectáculo gozoso trivializándola. Hechos: Año 2008, Haneke estrena Funny Games U.S., un remake de su propia película en el que prácticamente copia plano a plano el original.
El debate: el mismo que ante gran parte del arte contemporáneo. ¿Tomadura de pelo u obra de arte?. La acusación: Haneke es un sinvergüenza. No tiene ningún sentido grabar otra vez tu propia película para hacerla idénticamente igual. Solamente unos cuantos iluminados y listillos tratarán de buscarle un sentido metafórico a esta broma de mal gusto que lo único que pone de relieve es que Haneke anda muy escaso de ideas. Este truco barato que no llega siquiera a pastiche no puede añadir nada que no estuviera presente en la original, pues es, de facto, la misma película.
La defensa: Funny Games U.S. es, además de un grandioso ensayo sobre la publicidad, el complemento idóneo de la original, su necesaria vuelta de tuerca, la demostración empírica de la teoría que exponía la primera versión. La crítica hacia ese consumo exaltado de la violencia que provenía de una película francesa, de un cine prototípicamente europeo, se transforma supuestamente (mediante marketing y producción) en una cinta "made in USA", en un producto de consumo destinado a aquellos que disfrutan de la casquería en el celuloide. Justo lo contrario a lo que realmente es.
Es impactante ver cómo, en una sala comercial cualquiera, en el momento en que al hijo le matan de un tiro en la cabeza se pueden escuchar generosas carcajadas desde el patio de butacas, como si se tratara de la famosa escena del bache de Pulp Fiction (la presencia de Tim Roth, fetiche del cine de Tarantino, dudo que sea casual).
O el momento del rebobinado, en el que Haneke muestra que la violencia no es un juego sin consecuencias en el cual siempre acaban venciendo los buenos, sino una salvajada inhumana en la que acostumbran a ganar los malos. Más risas en el cine.
Entonces comprendes que Haneke lo ha logrado. Ha metido su película original en un envoltorio distinto, con una rubia de buen ver, un actor icono del cine violento y una publicidad más llamativa y ha logrado vendérsela a aquellos a los que criticaba. Tras comprobar que son incapaces de entenderlo se ríe en su cara, pero aún así siguen sin comprenderlo y disfrutan de la película. Pero no ha gustado a todos. Algunos se han sentido decepcionados. No era tan violenta como decían. Ni siquiera se ven las muertes.
Veredicto: Haneke gana, y no tiene gracia.
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