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Memoria histórica israelí
"Vals con Bashir" es una película de animación sobre la matanza de Shabra y Chatila realizada por un director israelí que -a posteriori- ha contado con el apoyo del gobierno de su país y que el próximo 22 de febrero luchará en Los Ángeles por hacerse con la estatuilla más codiciada del mundo en la categoría de mejor película extranjera. Y lo mejor de todo es que además buena.
Su director, Ari Folman, partícipe de aquellos auténticos días de la infamia, se dio cuenta al cabo de los años de los grandes vacíos de memoria que tenía sobre lo sucedido. Alarmado por ello comenzó una serie de entrevistas con amigos y demás personas presentes en la masacre para completar un puzzle al que le faltaban demasiadas piezas.
El resultado es una cinta autobiográfica en la frontera del documental que supone un auténtico ejercicio de memoria histórica: honesto, en la formulación de las preguntas y en la exposición de las respuestas. Honesto, sin ánimo de venganza o de culpabilizar pero sin miedo a denunciar o aceptar responsabilidades. Honesto, porque busca alcanzar una verdad que se había olvidado en lugar de mostrar una verdad preconcebida.
El comprensible escepticismo ante un documental de animación con semejante tema no se sostiene ante la calidad de éste. Un gran diseño artístico contribuye a la creación de unas imágenes que sirven con igual eficacia a la creación de ambientes oníricos, pesadillas, marchas militares, momentos desenfadados, etc. La misma polivalencia muestra la banda sonora, capaz de remarcar cada uno de los sentimientos de la película con idéntica eficacia. Y no son pocos: desde los momentos puramente dramáticos, pasando por los intimistas, los ridículos o los irónicos -cuya descripción cínica de la guerra subraya su carácter amargamente absurdo- ofreciendo un crisol conjuntado y sin fisuras que discurre con total naturalidad.
La película ha sido acusada de ser demasiada benévola con la participación y responsabilidad israelí en Shabra y Chatila, a lo que contribuye el apoyo que -como el propio director reconoce- el gobierno de su país ha prestado a la película de cara a su proyección tanto fuera como dentro de sus fronteras. Sin embargo durante la cinta presenciamos la complicidad de Sharon con lo ocurrido, la impasividad de los militares judíos al contemplar las atrocidades cometidas por las facciones cristianas del Líbano, e incluso la cooperación del director con el lanzamiento de bengalas y cuyo vuelo sobre la ciudad da vida a una escena tan bella como trágica.
El epílogo abandona la animación para mostrarnos imágenes reales del horror que se pudo contemplar en los campos refugiados tras la masacre. Si Folman sale victorioso de la elección de la animación para narrar la historia, cuya versatilidad le ha permitido jugar con géneros y estilos, esta vuelta de tuerca final da cuerpo al holocausto, logrando una sensación de hiperrealidad en la que percibimos de una manera nueva -más auténtica, significativa, angustiante y verdadera- una realidad que a fuerza de ser mil veces vista en los telediarios había perdido su auténtico significado. "Vals con Bashir" es auténtica memoria histórica.
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