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Me disponía a hablar de un poeta, de un genio de la pluma. Pero sólo me disponía, ya que al vislumbrar mi tenue reflejo en el monitor de la computadora cambié de opinión. Hay que ser poeta para hablar de poesía, como hay que ser amante para hablar de amor. Yo me quedó lejos de ambas.
Ha muerto Ángel González, el otro día mi editora me despertaba con esta noticia. En la cama intento recordar algunos de sus versos, me vienen algunos, otros los olvidé, los olvidé por mil nombres de mierda que los borraron de mi memoria, por mil canciones absurdas, por titulares, noticias, goles, charlas… los olvidé. Cruel la memoria, hijaputa antiselectiva y aleatoria.
Se va una de las grandes voces de nuestro país, y sin embargo pocos le añoraremos, pero lo haremos bien. Aunque he olvidado muchos de sus versos, también recuerdo a la perfección el hondo impacto que me causaron. González era un poeta fácil y sencillo, de versos hermosos y perfectos. Actual, directo, artesano, cercano. Hablaba de las cosas de frente, sin rodeos. Recuerdo alguna lágrima, varias sonrisas, alguna exclamación. Recuerdo a la persona que me lo presentó. ¡Estamos de luto hermano! Recuerdo pensar que era lo más grande jamás escrito. No puedo olvidar que esa maravilla de Otoños en papel lo perdimos, se extravió y que por ese mismo motivo algún afortunado lector hoy estará compartiendo tristeza.
Don Ángel era asturiano, observador, detallista, buen amigo y gran conversador, aunque la pluma y el ingenio le funcionaban, sus pulmones han decidido que había llegado la hora de, como dicen sus versos, volar hacia el final. 82 años de ángel, 24 tengo yo, y apenas nos cruzamos un otoño, un otoño y otras luces. Los premios le llegaron mayor y enseñando su hermosa lengua en una universidad americana, aunque su jubilación la compartió entre Madrid y Oviedo. Ya se fue, como se fue Pepe Hierro, como se fue Lorca, Machado, como se irá Gabo, Don Mario y los demás. Se fue hablando de amor, justicia y solidaridad por el mismo camino que empieza en los ojos, sigue en la tinta y acaba en el corazón.
Poema: "A mano amada"
A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;
allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,
los recuerdos me asaltan.
Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.
Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.
Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.
Biografía de Ángel González:
- Áspero mundo, Madrid, Rialp, 1956 (Accésit Premio Adonáis 1955).
- Sin esperanza, con convencimiento, Barcelona, Colliure, 1961.
- Grado elemental, París, Ruedo Ibérico, 1962 (Premio Antonio Machado).
- Palabra sobre palabra, Madrid, Poesía para todos, 1965, 1972 y 1977.
- Tratado de urbanismo, Barcelona, Col. El Bardo, 1967.
- Palabra sobre palabra, Barcelona, Seix Barral, 1968 (Poesía completa).
- Breves acotaciones para una biografía, Las Palmas de Gran Canaria, Inventarios provisionales, 1971.
- Procedimientos narrativos, Santander, La isla de los ratones, 1972.
- Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan, Madrid, Turner, 1977.
- Prosemas o menos, 1984.
- Deixis en fantasma, Madrid, Hiperión, 1992.
- 101 + 19 = 120 poemas, Madrid, Visor, 1999.
- Otoños y otras luces, Barcelona, Tusquets, 2001.
- Palabra sobre palabra, Barcelona, Seix Barral, 2005 (Poesía completa).
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