Hace diez años me prometí que no volvería a Londres en una década y lo cumplí. Fue por lo mucho que me puteron cuando Inglaterra eliminó a España en la Eurocopa del 96, y yo me sentí como Javier Krahe, con mi camiseta, y como un gilipollas, madre. Pero en realidad no me acordé de esa absurda promesa hasta que me metí en el metro, cerca de Victoria Station. De Londres diré poco porque ya hay mucho y muy bien dicho. Sólo contaré que admiro la esencia de esa ciudad, ese alma latente que Madrid también tiene. El instinto de supervivencia. La seguridad de que esa ciudad seguirá allí dentro de mucho.
Londres es una ciudad que ha renacido muchas veces de sus cenizas. La primera, literal, tras el gran incendio de 1666, que destruyó gran parte de la ciudad y cuyas tareas de reconstrucción duraron más de quince años.Durante la Segunda Guerra Mundial, la Luftwaffe bombardeó la ciudad, acabando con la vida de 30.000 londinenses y destruyendo de nuevo el centro de la ciudad. Durante varias décadas Londres fue bombardeada por las presiones terroristas del IRA, y posteriormente por el terrorismo islámico. Y Londres siempre levantó la cabeza, orgullosa e irreducible.Como cosmos, tiene casi de todo: casi todas las razas, casi todas las nacionalidades, casi todo lo que pudo robar de Egipto antes de su independencia… casi de todo. Pero no voy a caer en el consabido complejo de inferioridad de antaño y alabar cosas que tenemos por igual, con mejor tiempo, mejor carácter y a mejor precio. Ya pasaron esas épocas.No obstante, hay algo que no tenemos y estamos lejos de tener que el país anglosajón sí tiene: su cultura musical. Uff, en eso nos queda mucho, y joder, de veras se lo envidio.
Tuve la gran oportunidad de estudiar en el sur de Inglaterra cuando era pequeño. Casi la mitad de los alumnos de lo que era octavo de ex EGB tocaban con soltura uno o dos instrumentos. Habían aprendido en el colegio, en clases que valoraban y disfrutaban. Mierda, ¡nos ganan!. Saber de música y saber tocarla algún instrumento bastante importante a la hora de entenderla o para la estúpida idea de montar una banda. De ahí la inagotable cantera de bandas inglesas que luego se pasean por nuestro festivales veraniegos.Un gran porcentaje de los bares de casi cualquier pueblo o pequeña ciudad inglesa ofrecen actuaciones en directo de las bandas locales o en circuito. Aquí cuesta encontrarlos fuera de las capitales de provincia, e incluso en ellas… una lástima. En cuanto a los locales de ensayo y de conciertos, la proporción crece desmesuradamente en ciudades como Londres, Liverpool, Sheffield o Birmingham. De lo que se mama se cría.La cantidad de revistas especializadas en música con una tirada más que digna que uno puede encontrar en cualquier kiosco de tres al cuarto es increíble. Uncut, Nme, Mojo o Rock n Roll, son autenticas joyas dedicadas sólo a la música del pasado y del futuro, tratado con clase y calidad. Aquí salvo EfeEme, una gran perdida del papel, y Mondosonoro, el resto o aburren o son más revistas de tendencias culturales que de corrientes musicales.Respecto a las tiendas de discos, aquí desaparecen a un ritmo asombroso, hasta las grandes. Allí no ves un topmanta ni de asomo y te encuentras con una buena tienda en cada calle principal o comercial. Me sorprendió ver varios stands dedicados al single, algo que en España no va más allá de los que cuentan los 40Principales. El single ofrece un avance del disco y un par de caras B o versiones alternativas. Se venden porque la gente está implicada con los artistas y lo quieren tener todo. Aquí eso, si alguna vez existió, ya ha desaparecido. Los vinilos se venden por doquier, y no únicamente los de música electrónica. Puedes encontrar fácilmente en LP el último trabajo de Dylan, Wilco o Arcade Fire.Bares y pubs de pachanga haberlos los hay, pero también hay cárceles… Sin embargo, la gran mayoría de locales pinchan música que en España sólo se oye en festivales. Y todo esto mirando únicamente el aspecto más clásico, sin mirar hacia nuevos estilos o corrientes que emergen continuamente en muchas de sus ciudades. Nos ganan. Eso sí, no puedes fumarte un cigarro viendo un concierto en todo el país.
Recuerdo que cuando era niño, más o menos por la época que habitaba en esa isla, me daba mucha rabia cuando mis primos de Coruña me cantaban eso de “Podéis tener Retiro, Casa Campo y Ateneo, podéis tener mil cines, mil teatros, mil museos. Podéis tener Córrala, organillos y chulapas. Pero al llegar agosto, ¡vaya, vaya! Aquí no hay playa”. Y precisamente creo que es esto lo único que les podemos decir a los londineses, aunque también Alonso les dará un rato por saco con las carreras a su niño mimado. En lo de la música, y me jode, nos ganan por mucho.