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Como un cuento de hadas
"Muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena ciudad de Oviedo". Con este lema recibe la capital del Principado de Asturias a todo aquel que se decide a visitarla. Y es que Asturias fue la única Comunidad española que resistió a la invasión musulmana, convirtiéndose así en el primer reino cristiano de la Península Ibérica tras la reconquista. De este modo, Oviedo –principal núcleo de población de la región- aún conserva casi intactos recuerdos de este esplendoroso pasado.
La ciudad de Oviedo hay que saborearla con calma, ya que son muchos los atractivos con los que cuenta esta urbe de más de 200.000 habitantes. Con un paraguas bajo el brazo (no se sabe cuándo puede llover) comenzamos nuestra visita por el casco histórico. Partimos de la Plaza de la Constitución. De trazado rectangular y presidida por el Ayuntamiento, es hoy lugar de celebración de los títulos del piloto de Fórmula 1 Fernando Alonso. En un extremo de la plaza se halla la Iglesia de San Isidoro, un auténtico monumento del siglo XVI levantado en piedra.
Tomamos la calle de Cimadevilla con dirección a la catedral, y en nuestro camino topamos con multitud de palacios que en otros días fueron residencia de nobles señores: el Palacio de Velarde, el Palacio de la Rúa, la Casa de los Llanes y el Palacio de Camposagrado. Pero nada comparable con la majestuosidad de la Catedral de Oviedo.
Hoy en día, una variante del Camino de Santiago es la que pasa por la ciudad de Oviedo. De este modo, la Catedral de El Salvador, nombre con el que se conoce al templo, se convierte en cita obligada para el peregrino. Y si no, que se lo pregunten al que escribió esta copla medieval: "Quien va a Santiago y no va a El Salvador, visita al vasallo y no al Señor". Y qué razón tiene, ya que en su interior se encuentra la Cámara Santa, donde se custodian reliquias como la Cruz de los Ángeles o la Cruz de la Victoria.
Fuera ya del templo, una fina lluvia nos devuelve a la realidad. Nos enfundamos nuestros chubasqueros, abrimos el paraguas y nos dejamos llevar por nuestros pasos a través de callejuelas cuidadosamente empedradas. Después de un leve paseo, nos resguardamos de la lluvia en el antiguo mercado de El Fontán. ¡Qué mejor lugar para conocer el día a día de los ovetenses! Verduras, carnes, pescados fresco, exquisitos caldos... Todas las excelencias culinarias de la tierra se dan cabida en este mercado, abierto incluso los sábados.
Afuera el día aclara, por lo que aprovechamos para visitar la cercana Plaza del Fontán. De trazado cuadrangular, porticada y pintada de divertidos colores, recorrer El Fontán es como retroceder varios siglos en el tiempo. Además, en esta plaza turistas y carbayones conviven con total naturalidad.
Lugar del buen comer y mejor beber
Cansados de tanto caminar, decidimos acudir a la calle de La Gascona. Pero, ¿por qué a esta calle? La respuesta es sencilla: si por algo es conocida Asturias es por su sidra, y La Gascona es conocida como el Bulevar de la Sidra. Y es que en una cuesta de apenas cien metros se concentran un buen número de bares dispuestos a calmar la sed a golpe de la famosa bebida asturiana.
Después de haber disfrutado del arte de escanciar, es hora de llenar el estomago con algo más sólido. Cerca de la Plaza del Riego hay varios bares y restaurantes que te invitan a pasar con sus suculentos menús a base de ensalada de rape, fabada asturiana, guiso de carne y natillas caseras. De seguro nadie se quedará con hambre.
Para bajar la comida, nos acercamos paseando hasta la Plaza de la Escandalera. En esta bella plaza encontramos una escultura de Botero. Y cerca de ésta otra escultura de Mauro Álvarez. Y algo más lejos vemos otra de Úrculo. No os asustéis. No se trata de una invasión. Solo que Oviedo se ha propuesto convertirse en un museo al aire libre y, de momento, lo esta consiguiendo.
No muy lejos de la Plaza de la Escandalera esta el Teatro Campoamor. Aunque de apariencia austera, este teatro guarda en su interior un precioso patio de butacas. Además, el Teatro Campoamor es mundialmente conocido por la entrega de los premios Príncipe de Asturias. Por este recinto han pasado hasta la fecha celebridades de la talla de Woody Allen, Rafael Nadal o Ingrid Betancourt.
Es probable que después de esta dosis de esculturas y edificios históricos estemos algo cansados. Por eso, el Campo de San Francisco nos brinda la oportunidad de escapar de la gran ciudad sin salir de ella. Este parque es el pulmón de Oviedo. Situado en pleno centro, fue antiguamente huerto de un convento franciscano. Hoy, cuenta con más de cien especies diferentes de árboles y arbustos. Aunque, sin duda, lo mejor de todo es pasear por sus caminos y pararse a escuchar el himno de Asturias interpretado, nada más y nada menos, que por las campanas de la catedral.
De vuelta al asfalto, nos acercamos a la calle Uría y tomamos el autobús número diez que nos llevará hasta el Cruce de los Monumentos. Aquí, encaramados en un cerro desde el cual se contempla toda la ciudad. Se hallan dos de las más importantes joyas del prerrománico español: el Palacio de Santa María del Naranco y la iglesia de San Miguel de Lillo. Declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1985, estos edificios datan del siglo I después de Cristo. Sorprende el buen estado de conservación de ambas construcciones y parece mentira que el tiempo y la mano del hombre no halla hecho mella aun en estos valiosos pedazos de historia.
La magnífica pradera que se extiende como una alfombra sobre el Monte Naranco es el escenario perfecto para despedirnos de esta maravillosa ciudad. Tumbados sobre el césped, con un tímido sol ocultándose tras las escarpadas montañas asturianas, ya solo nos queda recordar lo que un día dijera el cineasta Woody Allen: "Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada. Es como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera. Oviedo es como un cuento de hadas".
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