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Arquitectura georgiana a ritmo de trip-hop
Me encanta Reino Unido. Desde los campos verdes de Escocia hasta el cosmopolitanismo de Londres. Pero hoy, no voy a hablar de la naturaleza incipiente del Norte, ni de la cultura trendy del Sur. Hoy voy a hablar de Bath, una pequeña ciudad situada al Oeste del país en la que viví tres meses. Desde de que en el siglo XVIII y XIX los burgueses ingleses eligieran esta localidad como ciudad de vacaciones, Bath ha vivido de su belleza y encanto hasta convertirse en la segunda ciudad -la primera es Londres- más visitada y cara del país.
Sin duda, el marketing le ha hecho un gran favor al turismo de esta ciudad. Su proximidad al monumento prehistórico más famoso del mundo, el Stonehenge, así como su condición de ciudad georgiana mejor conservada de Reino Unido, son algunos de los puntos más explotados de la ciudad. Y es que conservar unos monumentales Baños Romanos y haber construido un nuevo balneario justo a su lado, desde el cual se puede contemplar la Abadía y una panorámica de la ciudad mientras te dan un masaje, son elementos que merecen la pena disfrutar. Por eso, cada día un gran número de turistas recorren sus colinas empapándose del espíritu clasista y elegante que recuerdan a la impresionante San Sebastián.
Pero Bath es algo más que una ciudad bonita. En comparación con su vecina Bristol, de espíritu más joven y más "inglesa" en cuanto al fomento del consumismo, es más sosegada y tranquila, pero no por ello deja de tener una interesante vida nocturna. Su halo de romanticismo se transforma por las noches. Alrededor de las nueve, numerosos pubs y night clubs, la mayoría de ellos curiosamente situados en los sótanos de los edificios, acogen cada noche a grupos influenciados por el trip-hop, tendencia musical nacida en Bristol en los años ’90 con representantes como Portishead o Tricky, sin olvidar a las bandas más tradicionales que versionean clásicos anglosajones.
Esta mezcla de historia, belleza, encanto, elitismo y modernidad ha hecho que representantes de la cultura como el director de cine alternativo Ken Loach o el actor norteamericano Johnny Deep hayan sucumbido a sus encantos comprándose una casa aquí. Pero ellos no son lo únicos. Cada año, miles de jóvenes de todo el mundo viajan hasta Bath para aprender o mejorar su inglés ya que si de algo presumen, y con razón, los habitantes de esta ciudad, es de hablar el inglés más claro de todo Reino Unido.
Durante los seis meses que estuve viviendo en la frontera con Escocia, presencié una Inglaterra totalmente distinta a la que he podido contemplar en mis tres meses de estancia en Bath. Estas diferencias entre Norte y Sur demuestran que Gran Bretaña es algo más que un país al que viajar para aprender el idioma, es un país al que merece la pena visitar y disfrutar. Sin duda Bath es una buena ciudad para comenzar a hacerlo.
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